Just know me

Este blog soy solo yo, comentando sobre las cosas que me pasan a mi y sobre las que le suceden a mis allegados. Pero sin la intención de ofender a nadie, es solo desarrollando mi hábito de escritura. Es que a escribir, solo se aprende escribiendo

enero 15, 2007

Un amigo que cambió...


Un amigo que cambió

Era mi segundo mejor amigo, y ya no estoy segura de cómo deba llamarlo ahora. Tampoco sé en qué posición de sus amigos me tenía él. Pero creo que el puesto que ocupaba era bueno. Cuando lo conocí eramos casi iguales, pertenecíamos, prácticamente, a la misma “clase social”, o al menos él estaba consciente de eso. Ahora tampoco sé si aun es así.

Por cosas de la vida, le tocó, al igual que a mi, nacer en una familia de escasos recursos. Aunque ninguno de los dos deseábamos ser millonarios, sí teniamos deseos de crecer económicamente. Ya que ambos sentíamos no pertenecer a donde nacimos.
Él ya se me había adelantado bastante. Pues era mucho más adulto, empezó primero, era más arriesgado y conocía más personas que yo. Pero de todos modos seguía aconsejándome, ayudándome y, por supuesto, siendo mi amigo. Alguien que aprendí a querer, a respetar, a valorar e incluso a desear, que mi hermano fuera un poco como él.

Pasaba el tiempo y a pesar de que ya no trabajábamos juntos, nos reuniamos, siempre que ambos estuviesemos disponibles, algunas veces a la semana.
Hasta que un día, él cambió. Y ni siquiera me dijo porqué. Ya no era la persona humilde y dispuesta que años atrás conocí. Y empezé a reclamarle ¡Vaya error!. “Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a reclamarle o a mendigarle cariño o amistad a nadie. El ciudadano que viole dicha dispocisión será multado con 200,000.00 pesos o seis meses de prisión”, debería estar estipulado en la Constitución.
Pero lo hice, por no sé cuánta vez más.

Por suerte, y sigo siendo feliz pues él y su familia se lo merecen, consiguió un segundo empleo que le dobló su sueldo actual. De ahí, a mi parecer, vino el cambio. Sus llamadas cada vez eran menos, y encima, cuando lo llamaba SIEMPRE estaba en otra linea y tenía que llamarle luego o esperar a que él, “cuando tuviese tiempo”, lo hiciera. El problema era que nunca lo hacía.

Sus reuniones con nosotros, sus amigos no tan afortunados ($$), ya ni se realizaban. Creo que ver a Ozama Bin Laden caminando en bermudas por la calle El Conde podría suceder más fácil que verlo o recibir una llamada suya.

Siento más indignación que dolor, más desconcierto que pena. Porque otra vez comprobé la naturaleza humana: “La gente siempre termina haciendo lo que critica”. ¡¡Dios me libre!!

Scarlet Javier
15 de enero de 2007

“Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe”.
Benjamin Franklin