Mi niño de al lado
Mi niño de al lado
No sé cómo, pero empezó a gustarme de tal manera que hasta me asustaba. Lo malo es que él, ni siquiera me tomaba en cuenta. No supe si era tímido o qué; el caso es que no pasábamos de, cuando a él le parecía necesario, unos escasos ¡hola! o ¡buenos días!
Mientras yo, sin atraverme a veces a mirarlo a la cara, me derretía. No sé si me atraía porque no me prestaba mucha atención -a los seres humanos nos encanta lo difícil- o porque, por lo que aparentaba, él era lo que yo buscaba en un hombre. No es que era irresistiblemente atractivo, pero tenía algo que llamaba de manera extraña mi atención.
Es que parecía ser el típico romántico casero; se veía tan tierno y arregladito que solo de verlo me volvía loca, sin que él ni siquiera se lo imaginara.
Delgado, como a mi me gustan. Un día lo vi en short, mientras lavaba su vehículo en frente de mi casa, y quedé impresionada. No fue que vi más de la cuenta, pero es que no tenía exceso de grasa por ningún lado, y eso me fascinó.
Nunca me atreví a entablar con él conversación alguna; a lo mejor por temor, tal vez porque no sabía cómo hacerlo o cómo reaccionar a cualquier cosa me dijera.
Él me miraba mucho, quizás también sentía una atracción física hacia mi. Pero, tal vez por los mismos motivos que yo o por alguno diferente, tampoco me decía nada.
A este paso creo que no llegaremos a ser más de lo que somos: nada. Yo seguiré imaginándolo, deseándolo y observándolo, sin que él lo note, desde la ventana de mi casa. Hasta que un día él se decida o lo haga yo. Lo malo es que por mi parte, aunque mis deseos sean otros, lo dudo mucho. Es simple, no me atrevo...
Scarlet Javier
03 de junio de 2007


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