Just know me

Este blog soy solo yo, comentando sobre las cosas que me pasan a mi y sobre las que le suceden a mis allegados. Pero sin la intención de ofender a nadie, es solo desarrollando mi hábito de escritura. Es que a escribir, solo se aprende escribiendo

enero 17, 2007

Se busca hombre... Urgente!


Se busca hombre... ¡Urgente!

Me levanté tempranito, para alistarme y dirigirme a mi trabajo. Era una manaña gris de invierno acompañada del rocio manañero y de ese friito que generalmente escolta al mes de enero.

Lo de siempre: Después de pensarlo mucho me levanté, después de pensarlo más me bañé con aquella agua casi helada, como la siento yo, que acostumbra a salir del tinaco de casa, pues no vivo tan acomodada como para tener calentador. Tomé el exquisito café que, la muy dispuesta de mi madre, me prepara cada día y salí de casa a intentar disfrutar un día más que la vida me daba.

Ya deleitándome con los rayos, que por fin irradiaban, del sol y procurando acomodarme en el asiento trasero de un tedioso carro público, se sentó a mi lado un ex compañero de trabajo que nunca vi con otros ojos que no fueran esos: Primero compañero y ahora ex compañero de labores.

Sin embargo, esa mañana fue diferente. Lo miré como hombre. Lo sentí tan cerca que se me hizo imposible no sentir su aliento y el calor que emanaba de su piel. No me quedó más que comprobar mi necesidad de lo masculino. Mi deseo de tener y de estar con un hombre. No es que me gustase él de manera especial, es que lo percibí demasiado cerca. Y por eso, como es normal en los seres humanos, deseé y extrañé lo que no tengo. Pues, en los últimos meses, sin intención de presumir, he evitado salir con algunos de mis pretendientes. Que no es que sean galanes pero igual siguen siendo pretendientes.

Hace tiempo que no estoy en serio con alguien, hace tiempo que no disfruto las caricias y besos masculinos que tanto me agradan. Es así, al paso que voy, parece que todavía me falta mucho tiempo para seguir “gozando” mi abstinecia involuntaria. Pues no he vuelto a conocer a un hombre que me haga sentir ese cosquilleo en el estómago, característico de los enamoramientos. Sigo buscando y esperando... Pero con urgencia.

Scarlet Javier
17 de enero de 2007

enero 15, 2007

Casi igual que ayer...


Casi Igual que ayer

Mientras miraba el televisor y cambiaba constantemente sus canales, escuché el timbre, con sonido calmado, del teléfono. Lo tomé sin detenerme a imaginar quién podria ser. Era él, transmitiéndome el mismo cariño de siempre.

Todo al mismo tiempo: triste y alegre, melancólico y amoroso.

-Soy yo muñeca- me dijo. Tal y como solía decirme a diario.
-¡Dios mio eres tú¡- le dije, llena de emoción

Y una vez más fui feliz durante los cincuenta y seis minutos que duró nuestra entretenida conversación y feliz unos minutos después. Hasta que no pude evitar sentirme invadida por la nostalgia. Y en solo segundos volví a extrañarlo, volví a amarlo y volví a recordarlo.
Era una tarde lluviosa, estábamos en víspera de año nuevo, y dos años después de haberse ido todavía estaba pendiente de mi.

Te quiero igual y te quiero más fueron dos de las últimas frases que nos dijimos segundos antes de que ambos colgáramos nuestros auriculares.

A lo mejor sí deberíamos creer en el destino, tal vez nos tiene algo bueno guardado, le dije. Él asintió.

A lo mejor en la vida real también existan los finales felices. Y yo, desde lo más profundo de mi ser, deseo que así sea.

Love you baby

Scarlet Javier
30 de diciembre de 2007

Un amigo que cambió...


Un amigo que cambió

Era mi segundo mejor amigo, y ya no estoy segura de cómo deba llamarlo ahora. Tampoco sé en qué posición de sus amigos me tenía él. Pero creo que el puesto que ocupaba era bueno. Cuando lo conocí eramos casi iguales, pertenecíamos, prácticamente, a la misma “clase social”, o al menos él estaba consciente de eso. Ahora tampoco sé si aun es así.

Por cosas de la vida, le tocó, al igual que a mi, nacer en una familia de escasos recursos. Aunque ninguno de los dos deseábamos ser millonarios, sí teniamos deseos de crecer económicamente. Ya que ambos sentíamos no pertenecer a donde nacimos.
Él ya se me había adelantado bastante. Pues era mucho más adulto, empezó primero, era más arriesgado y conocía más personas que yo. Pero de todos modos seguía aconsejándome, ayudándome y, por supuesto, siendo mi amigo. Alguien que aprendí a querer, a respetar, a valorar e incluso a desear, que mi hermano fuera un poco como él.

Pasaba el tiempo y a pesar de que ya no trabajábamos juntos, nos reuniamos, siempre que ambos estuviesemos disponibles, algunas veces a la semana.
Hasta que un día, él cambió. Y ni siquiera me dijo porqué. Ya no era la persona humilde y dispuesta que años atrás conocí. Y empezé a reclamarle ¡Vaya error!. “Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a reclamarle o a mendigarle cariño o amistad a nadie. El ciudadano que viole dicha dispocisión será multado con 200,000.00 pesos o seis meses de prisión”, debería estar estipulado en la Constitución.
Pero lo hice, por no sé cuánta vez más.

Por suerte, y sigo siendo feliz pues él y su familia se lo merecen, consiguió un segundo empleo que le dobló su sueldo actual. De ahí, a mi parecer, vino el cambio. Sus llamadas cada vez eran menos, y encima, cuando lo llamaba SIEMPRE estaba en otra linea y tenía que llamarle luego o esperar a que él, “cuando tuviese tiempo”, lo hiciera. El problema era que nunca lo hacía.

Sus reuniones con nosotros, sus amigos no tan afortunados ($$), ya ni se realizaban. Creo que ver a Ozama Bin Laden caminando en bermudas por la calle El Conde podría suceder más fácil que verlo o recibir una llamada suya.

Siento más indignación que dolor, más desconcierto que pena. Porque otra vez comprobé la naturaleza humana: “La gente siempre termina haciendo lo que critica”. ¡¡Dios me libre!!

Scarlet Javier
15 de enero de 2007

“Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe”.
Benjamin Franklin