Just know me

Este blog soy solo yo, comentando sobre las cosas que me pasan a mi y sobre las que le suceden a mis allegados. Pero sin la intención de ofender a nadie, es solo desarrollando mi hábito de escritura. Es que a escribir, solo se aprende escribiendo

junio 04, 2007

Mi niño de al lado


Mi niño de al lado

No sé cómo, pero empezó a gustarme de tal manera que hasta me asustaba. Lo malo es que él, ni siquiera me tomaba en cuenta. No supe si era tímido o qué; el caso es que no pasábamos de, cuando a él le parecía necesario, unos escasos ¡hola! o ¡buenos días!

Mientras yo, sin atraverme a veces a mirarlo a la cara, me derretía. No sé si me atraía porque no me prestaba mucha atención -a los seres humanos nos encanta lo difícil- o porque, por lo que aparentaba, él era lo que yo buscaba en un hombre. No es que era irresistiblemente atractivo, pero tenía algo que llamaba de manera extraña mi atención.

Es que parecía ser el típico romántico casero; se veía tan tierno y arregladito que solo de verlo me volvía loca, sin que él ni siquiera se lo imaginara.

Delgado, como a mi me gustan. Un día lo vi en short, mientras lavaba su vehículo en frente de mi casa, y quedé impresionada. No fue que vi más de la cuenta, pero es que no tenía exceso de grasa por ningún lado, y eso me fascinó.

Nunca me atreví a entablar con él conversación alguna; a lo mejor por temor, tal vez porque no sabía cómo hacerlo o cómo reaccionar a cualquier cosa me dijera.

Él me miraba mucho, quizás también sentía una atracción física hacia mi. Pero, tal vez por los mismos motivos que yo o por alguno diferente, tampoco me decía nada.

A este paso creo que no llegaremos a ser más de lo que somos: nada. Yo seguiré imaginándolo, deseándolo y observándolo, sin que él lo note, desde la ventana de mi casa. Hasta que un día él se decida o lo haga yo. Lo malo es que por mi parte, aunque mis deseos sean otros, lo dudo mucho. Es simple, no me atrevo...

Scarlet Javier
03 de junio de 2007

abril 26, 2007

La mitad de la cuenta


La mitad de la cuenta

Comprobó su pensar, estaba embarazada. “¡Él me va a ayudar, pagará la mitad de la cuenta del hospital!”, me dijo mi amiga Margarita con cara de que se había sacado los 50 millones que la Loto ofrecía esa semana. Y es que me lo dijo proyectando tanta satisfacción que no me quedó más que asentir con un forzoso y fingido ¡anja! Y preferí no continuar una conversación, que de haber seguido a lo mejor hubiese provocado una fea discusión o peor aun una definitiva enemistad, por cosas que no me incunben. Pues los años me han comprobado -además de que ya lo he jurado- que a las amigas no les gusta, por más que estén concientes del mal, que les hablen en mala manera de sus novios, maridos o amantes.

Margarita, que no se lo buscó, estaba dispuesta a tener a su bebé así le tocase incluirse en la extensa lista de madres solteras. Pues por lo que aparentaba, y por la reacción de su novio al informarle del embarazo, no cabe duda de que la pobre iba camino a sumarse a la “moda” de mamás solas adquirida en los últimos años, ya que los hombres siguen negados a asumir responsabilidades de ese tipo. Y una mala noticia, entre una tan deseable para muchas, es que, y me apena recordarlo, era un embarazo ectópico que solo duró tres semanas.

Fue muy doloroso saber, una semana después de haberme enterado de su estado de gestación, que Margarita ya no conservaba en su vientre aquella criatura que desde que supe la noticia le tomé cariño, pues otra vez me convertiría en madrina.

“¡Margarita perdió el bebé!”, me dijo su hermana entre sollozos...
Hasta que se fue el dolor y llegó la ira. Pues no entendí cómo es que su novio y padre del pequeño perdido, teniendo muchas más posibilidades económicas que ella, solo pagaría la mitad de la cuenta, como si se tratase de una cena en un restaurante o lo correspondiente al pago del alquiler del departamento que por mutuo acuerdo pagan entre los dos.

Sencillamente no entendí, elegí marcharme...

Scarlet Javier
25 de abril de 2007

Embarazo ectópico: término médico utilizado para describir los embarazos fuera de su centro.

febrero 02, 2007

Cuando lo vi...


Cuando lo vi...

El corazón me dio un salto cuando lo vi. Y es porque no lo esperaba. Aquella tarde llegó, como si nunca se hubiese marchado. Al verlo, sentí que retrocedimos cinco meses, como cuando empezó a enamorarme. Él lo veía como un juego y yo también. Nunca pensé que me daría con él más de unos simples besos. Pero hicimos mucho más. Y me gustó. Me encantó. Parece que, tal y como le pasó a Nick, personaje interpretado por Mel Gibson en la película “Lo que las mujeres quieren”, leyó mi mente y adivinó mis deseos.

Y no me arrepiento porque lo disfruté. Él no es mi hombre, y nunca lo será. Pero en aquellos momentos lo sentia mio, como si estuviese entregado a mí.

Me besó completa. Mis poros expulsaban placer. Mi mente solo lo visualizaba a él. Solo quería que me tocase, que me besara, que se introdujera en mi. Lo deseaba, mucho. De solo escribir, me excito. De solo recordarlo mis nervios se alteran.
No pude evitarlo. Me sintió temblando sobre él, ni siquiera se me hacia posible cabalgarle. Eran como múltiples contracciones. Cuando me preguntó qué me pasaba y porqué temblaba, no supe qué contestarle. Porque no podia explicarlo, porque nunca me pasó con nadie más. Ni siquiera con los hombres que de verdad amé.

El me recordó lo que era hacer el amor. Y es que después de tanto tiempo, ya lo había olvidado...

Scarlet Javier
02 de febrero de 2007

enero 17, 2007

Se busca hombre... Urgente!


Se busca hombre... ¡Urgente!

Me levanté tempranito, para alistarme y dirigirme a mi trabajo. Era una manaña gris de invierno acompañada del rocio manañero y de ese friito que generalmente escolta al mes de enero.

Lo de siempre: Después de pensarlo mucho me levanté, después de pensarlo más me bañé con aquella agua casi helada, como la siento yo, que acostumbra a salir del tinaco de casa, pues no vivo tan acomodada como para tener calentador. Tomé el exquisito café que, la muy dispuesta de mi madre, me prepara cada día y salí de casa a intentar disfrutar un día más que la vida me daba.

Ya deleitándome con los rayos, que por fin irradiaban, del sol y procurando acomodarme en el asiento trasero de un tedioso carro público, se sentó a mi lado un ex compañero de trabajo que nunca vi con otros ojos que no fueran esos: Primero compañero y ahora ex compañero de labores.

Sin embargo, esa mañana fue diferente. Lo miré como hombre. Lo sentí tan cerca que se me hizo imposible no sentir su aliento y el calor que emanaba de su piel. No me quedó más que comprobar mi necesidad de lo masculino. Mi deseo de tener y de estar con un hombre. No es que me gustase él de manera especial, es que lo percibí demasiado cerca. Y por eso, como es normal en los seres humanos, deseé y extrañé lo que no tengo. Pues, en los últimos meses, sin intención de presumir, he evitado salir con algunos de mis pretendientes. Que no es que sean galanes pero igual siguen siendo pretendientes.

Hace tiempo que no estoy en serio con alguien, hace tiempo que no disfruto las caricias y besos masculinos que tanto me agradan. Es así, al paso que voy, parece que todavía me falta mucho tiempo para seguir “gozando” mi abstinecia involuntaria. Pues no he vuelto a conocer a un hombre que me haga sentir ese cosquilleo en el estómago, característico de los enamoramientos. Sigo buscando y esperando... Pero con urgencia.

Scarlet Javier
17 de enero de 2007

enero 15, 2007

Casi igual que ayer...


Casi Igual que ayer

Mientras miraba el televisor y cambiaba constantemente sus canales, escuché el timbre, con sonido calmado, del teléfono. Lo tomé sin detenerme a imaginar quién podria ser. Era él, transmitiéndome el mismo cariño de siempre.

Todo al mismo tiempo: triste y alegre, melancólico y amoroso.

-Soy yo muñeca- me dijo. Tal y como solía decirme a diario.
-¡Dios mio eres tú¡- le dije, llena de emoción

Y una vez más fui feliz durante los cincuenta y seis minutos que duró nuestra entretenida conversación y feliz unos minutos después. Hasta que no pude evitar sentirme invadida por la nostalgia. Y en solo segundos volví a extrañarlo, volví a amarlo y volví a recordarlo.
Era una tarde lluviosa, estábamos en víspera de año nuevo, y dos años después de haberse ido todavía estaba pendiente de mi.

Te quiero igual y te quiero más fueron dos de las últimas frases que nos dijimos segundos antes de que ambos colgáramos nuestros auriculares.

A lo mejor sí deberíamos creer en el destino, tal vez nos tiene algo bueno guardado, le dije. Él asintió.

A lo mejor en la vida real también existan los finales felices. Y yo, desde lo más profundo de mi ser, deseo que así sea.

Love you baby

Scarlet Javier
30 de diciembre de 2007

Un amigo que cambió...


Un amigo que cambió

Era mi segundo mejor amigo, y ya no estoy segura de cómo deba llamarlo ahora. Tampoco sé en qué posición de sus amigos me tenía él. Pero creo que el puesto que ocupaba era bueno. Cuando lo conocí eramos casi iguales, pertenecíamos, prácticamente, a la misma “clase social”, o al menos él estaba consciente de eso. Ahora tampoco sé si aun es así.

Por cosas de la vida, le tocó, al igual que a mi, nacer en una familia de escasos recursos. Aunque ninguno de los dos deseábamos ser millonarios, sí teniamos deseos de crecer económicamente. Ya que ambos sentíamos no pertenecer a donde nacimos.
Él ya se me había adelantado bastante. Pues era mucho más adulto, empezó primero, era más arriesgado y conocía más personas que yo. Pero de todos modos seguía aconsejándome, ayudándome y, por supuesto, siendo mi amigo. Alguien que aprendí a querer, a respetar, a valorar e incluso a desear, que mi hermano fuera un poco como él.

Pasaba el tiempo y a pesar de que ya no trabajábamos juntos, nos reuniamos, siempre que ambos estuviesemos disponibles, algunas veces a la semana.
Hasta que un día, él cambió. Y ni siquiera me dijo porqué. Ya no era la persona humilde y dispuesta que años atrás conocí. Y empezé a reclamarle ¡Vaya error!. “Nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a reclamarle o a mendigarle cariño o amistad a nadie. El ciudadano que viole dicha dispocisión será multado con 200,000.00 pesos o seis meses de prisión”, debería estar estipulado en la Constitución.
Pero lo hice, por no sé cuánta vez más.

Por suerte, y sigo siendo feliz pues él y su familia se lo merecen, consiguió un segundo empleo que le dobló su sueldo actual. De ahí, a mi parecer, vino el cambio. Sus llamadas cada vez eran menos, y encima, cuando lo llamaba SIEMPRE estaba en otra linea y tenía que llamarle luego o esperar a que él, “cuando tuviese tiempo”, lo hiciera. El problema era que nunca lo hacía.

Sus reuniones con nosotros, sus amigos no tan afortunados ($$), ya ni se realizaban. Creo que ver a Ozama Bin Laden caminando en bermudas por la calle El Conde podría suceder más fácil que verlo o recibir una llamada suya.

Siento más indignación que dolor, más desconcierto que pena. Porque otra vez comprobé la naturaleza humana: “La gente siempre termina haciendo lo que critica”. ¡¡Dios me libre!!

Scarlet Javier
15 de enero de 2007

“Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe”.
Benjamin Franklin

noviembre 28, 2006

Modelos...


Modelos...

Era una de esas tardes lluviosas que detesto por varias razones: Se me pone el pelo muy crespo, se me mojan los pies y me toca hacer un turno largo esperando el autobus que me lleva de vuelta a casa. Mi amiga Yeseline, que es modelo, me llamó para pedirme que la acompañara a un casting que le tocaba asistir. Acepté la invitación porque, aunque no me gusta nada de eso, al menos no me tocaría esperar mucho por el autobus, que es lo que más me molesta de los días grises.

Después de estar allá y ver a todas las modelos, no voy a negar que me hubiese gustado ser flaca como una aguja para ganar dinero por ese simple hecho. Para vivir en un mundo irreal en el que solo me importen los huesos demás que debo exibir, la moda, los diseñadores y los desfiles. Para además tener ventajas por ser delgada, para ganar en un día, solo por sonreir, más de la mitad del sueldo que gano al mes. Y para conseguir, como algunas, un carro o mucho dinero simplemente por caerle bien a una persona de poder o porque a alguien mayor de edad le gustase contemplar mi bello y delgado cuerpo.

¡Qué fácil sería todo!

La verdad es que para esto, estaba muy gorda, aunque para muchos, según el medio en que me encontrase, fuera todo lo contrario.

En eso se pasaron unas tres horas. Entre modelar de un lado para otro, fingir que todas son amigas y se adoran, entre sostener largas conversaciones sobre lo último que se compraron, sobre cuántas libras habían bajado y sobre a qué diseñador famoso le habían modelado recientemente.

¡Qué mundo el de las modelos! Ya lo dijo mi maestra Carrie Bradshow, sin que si quiera sepa que del otro lado del oceano yo existo, el mundo está divido en dos grandes grupos: Modelos y Mortales. Yo, definitivamente, aunque mi deseo haya sido otro, pertenezco al mundo de los mortales pero pernanezco rodeada de modelos.

20 de noviembre de 2006

Scarlet Javier

septiembre 01, 2006

A él...


A él...

Aprendí a quererlo. Y todavía lo quiero.
Pasó sin enterarme, no me di cuenta cuando me nació el amor por él.
Lo tuve y lo dejé ir.
Lo perdí.
Él, no se lo que siente.
Por momentos quizás lo mismo que yo.
Mira mis ojos con pasión, con ternura, como si todavía le quedara algo de amor por mi, como si sintiera fuertes deseos de olvidar el pasado, besar mis labios, tenerme y sentirme entre sus brazos.
Pero en ocasiones es todo lo contario, me trata con desprecio por las cosas malas que le hice, como si me odiara, como si le molestara verme, como si quisiera desaparecerme para siempre.
Pero ninguno de los dos expresa lo que siente, ninguno da, quizás el paso a intentarlo otra vez.
No se si realmente tiene otra pareja, él tampoco sabe si yo la tengo.

Jugamos un juego peligroso.
Removemos setimientos guardados.
Comentamos sobre el pasado, sobre lo que pudo haber sido, sobre nuestros errores y sobre lo que dañamos.
Sin embargo no pasa de ahí.
Nos conocemos, sabemos quienes somos, lo que hacemos y hacia donde pretendemos ir.
Pero no más.
No voy a negar, que aunque a veces me entretenga y lo olvide, mis sentimientos por él no han cambiado.

Tal vez lo dos tenemos el mismo temor al fracaso.
Es que somos muy iguales, ese fue nuestro principal problema.

....

Scarlet Javier
01 de septiembre de 2006